martes, 20 de mayo de 2014

Sentimientos desafiantes

Por: Andrea Eseiza

Son las tres de la tarde. Los 17 grados de sensación térmica van acorde al paisaje gris que visualizan los 
ciudadanos platenses. El ruido de las hojas secas debajo de nuestros pies nos recuerda que empezamos a vivir el otoño. En cuanto al sonido, solo se escucha el ambiente. Caminamos a la par, entre las dos no cruzamos palabra. Ella, de a ratos, solo me mira y sonríe.
    —Es acá - me dice rompiendo el silencio-, pasá.
    Entramos al edificio. Me invita a pasar y ponerme cómoda. Me siento en una de las sillas del comedor. Su departamento es cálido, en todos los ambientes visibles predomina el color verde manzana: el mantel, los individuales, las cortinas, los repasadores y hasta la caja y los accesorios del gato, quien acto seguido aparece en escena, se refriega en mis piernas y se sube a mi regazo.
    —Se llama “Savana”- me dice ella de repente, mientras pone la pava en la hornalla-. ¿Dulce o amargo? -. Me pregunta levantando el mate.
    —Como tomes vos, me da igual -, le contesto sonriendo.
    Se sienta en frente mío y suspira, parece que le cuesta empezar a hablar sobre el tema. Mira para abajo, parte de su enrulado pelo rubio cae sobre su cara.
    Malena tiene 22 años, es alta, flaquita y sencilla para vestir. Tiene ojos color miel dueños de una mirada desafiante que, en conjunto con su porte, te hacen creer que va por la vida atropellando al mundo. Eso generalmente es verdad, pero en situaciones como esta, viéndola así, ese porte desaparece transformándose en el de un pichón de paloma caído de su nido en medio de una tormenta. Le hago chistes para romper el hielo y que entre en confianza, pero solo logro ponerla más tensa. Entonces cambio la estrategia y, entre pregunta y pregunta, empieza a expresarse:
    —De mis sentimientos, de ESTOS sentimientos, me di cuenta a los 15 años. Sentirlos los sentí desde más chica, pero a esa edad reaccione que quizás no era lo “normal”. Todas mis compañeras de clase estaban embobadas con los flacos de los últimos cursos, esos más grandes que ya terminaban el secundario y a mi… a mi me gustaba mi compañera de banco. Ahí me di cuenta que algo extraño me estaba pasando. Intenté expresarme y muy bien no me fue.
    Una vez que empezó a hablar, la conversación va fluyendo sola y la historia avanza. Pasamos de una preadolescente confundida y cacheteada por su compañera de banco horrorizada tras una confesión; a la versión de “Dora la Exploradora” (versión platense) - según sus propias palabras - ; para finalmente terminar en una joven adulta segura de sí misma y de sus sentimientos. Lo realmente difícil es hablar de lo que nos llevó a juntarnos esta tarde. El verdadero objetivo de esta charla:
    —Contárselo a mis viejos fue todo un tema por varios motivos - me dice. Y al instante me mira fijo y levanta el índice de la mano derecha señalándome mientras exclama: -Te advierto que con esto me pongo sensible. Soy flojita por naturaleza, genes de mi viejo, pero hablando de esto, “Myrtle, la llorona” un poroto al lado mío.
     Y no miente. Sus ojos comienzan a empañarse. La miro con detenimiento y tengo la impresión de que la miel de su iris está por derretirse. Pero las dos estamos listas para enfrentar lo que sigue:
    —No sabía a cuál de los dos contarle primero – me explica -, entonces decidí…
   
    El chillido del vapor provocado por el agua hirviendo de la pava en el fuego interrumpió el relato. Ambas nos sobresaltamos.
    —Te salvó la campana -, le digo y me rio-.
    —Parece que sí… - contesta y también sonríe. Resaltando en sus mejillas dos hoyuelos que hacen de su sonrisa una de las más lindas que vi.
    Con mate de por medio las charlas siempre son diferentes. La nuestra cambia radicalmente y de repente parece que al hablarme, “Male” -porque así le gusta que la llamen- le cuenta este proceso a su mejor amiga, con una confianza que no se tiene con cualquiera. Toma el primero, vuelve a cebar y estira el brazo hacia mi extremo de la mesa para darme el mate, pero no llega. Yo colaboro estirándome también y de paso cambiar de pierna para sostener a la gata que parece estar, a esta altura de la charla, en el séptimo sueño aun sobre mi regazo. La acaricio y mi vista cruza la mesa para buscar los ojos de su dueña, los encuentro, los miro fijo esperando que continúe:
    —Entonces… -le digo simpáticamente-.
    —Entonces decidí encararlos a los dos juntos. Fue el 4 de Febrero del 2010, me acuerdo patente porque fue después del clásico. El lobo le ganaba al pincha después de 5 años y mi viejo iba a estar de muy buen humor. La pensé bien, estuve astuta - me dice y me guiña un ojo en gesto de complicidad-.
    —Me imagino, por como me lo pintaste antes, que ese “buen humor” después le cambió, ¿no?
    —Imaginás bien. Le cambió mucho. Les dije que quería confirmarles lo que tanto sospechaban, pero ninguno se atrevía a preguntar. Reconozco que no tuve mucho tacto, se los largue algo así como: “Sí, me gustan las mujeres. Soy “Lesbiana”, “Torta”, “Tortillera”… como prefieran denominarlo".
    Después de contarme esto entre risas, ahogadas por el llanto provocados por tantos sentimientos encontrados al revivir esa historia, me cuenta las reacciones de sus padres. Me dice que su mamá puso un gesto serio, como si les hubiera dicho que era asesina en serie. Y que su papá lloraba a moco tendido. En medio del silencio, solo se escuchaba el ruido que hacía “su viejo” intentando reprimir el llanto.

                                                               ***
    Como me había adelantado, eran muchas las cosas que la frenaban para contarles. Por un lado la forma de pensar de sus padres. Sabía que les costaría aceptarlo y, por otro, el sufrimiento que venía después para ellos al tener que “aguantar” los comentarios en el barrio. Male me explica que si lo hizo fue para poder ser libre y poder estar con su novia “de la mano por la vida”. Lo único que la frenaba era que sus padres no sabían y los comentarios les iban a llegar. A ella no le importa que hablen de ella, pero si le duele mucho que hablen de “sus viejos”.
    —Eso es lo que me jode –me dice con gesto duro -, que mi barrio es TAN barrio que para los vecinos, sobre todo para los mayores, no soy "Malena". Para ellos soy "La hija de José", "la nieta de Marga"... y mis viejos son, ahora, "los papás de 'la torta'”. Y los comentarios ofensivos hacia la familia vuelan más rápido que el viento -termina, aún con el ceño fruncido.
    —"La nieta de Marga" -cito sus palabras -. ¿La abuela sabe?
    —¿¡Qué va a saber!? Sería más fácil que mi primito de dos años entienda cómo sacar seno, coseno y tangente que hacer que "mi viejita" entienda que dos mujeres puedan besarse en la boca por amor. Ella es muy cerrada y dice que es antinatural. Es más ¡No sabés lo que me pasó una vez!…
    Notamos que hay un impedimento vital para seguir con la charla: se enfrió el agua. Male se levanta a calentarla. Por el ruido Savana se despierta repentinamente, levanta la vista, me mira. Se para en mis rodillas, se despereza arqueando su cuerpo, se hace un bollito y se acomoda otra vez como si nada pasara. Cierra los ojos y emprende su sueño nuevamente, como si supiera que la charla da para rato.


                                                   ***                                                  

viernes, 28 de marzo de 2014

Aprender a vivir con el dolor

Hay más de 300 tipos de migraña. No tienen causa, no tienen cura y en cada persona es diferente. Si naciste con Migraña, a menos que encuentres justo un tratamiento que de en la tecla, es un "Ajo y Agua" de por vida. Podés tratarla, sí. Pero te dan mil pastillas diferentes, para el Alzheimer, para la artritis, para regular la serotonina, para la epilepsia.. y puedo seguir nombrando padecimientos. Se supone que combinadas deberían prevenir el dolor. Adiviná qué? No lo hacen. Efectos secundarios? Miles. Se te puede bajar o subir la presión, aumentar o disminuir el colesterol, puede crecerte otro brazo u otra pierna. Pero el dolor, ese sigue estando.
  Ésta es crónica. La cabeza te duele los 365 días del año (366 en año biciesto) los 7 días de la semana, las 24hs del día. Hagas lo que hagas, estés donde estés te duele. Te la diagnostican a los 5 años: Migraña sin aura. Empezás un tratamiento con un neurólogo y después de mil preguntas y mil pastillas, no da en la tacla. Así, vas cambiando de doctor y de tratamiento hasta que la cantidad de profesionales visitados a tus 20 años duplica tu edad. Y el dolor? Ahi sigue, firme al pie del cañón.
  Cada vez te negás más a empezar. Pero nunca perdés la esperanza. Arrancás con un neurólogo de cero y ya sabés que se viene: -"Te duele la cabeza?" -"Sí", -"Cuánto y con qué frecuencia?" -"La intensidad varía, pero todo el tiempo y generalmente mucho", -"Dónde te duele?" -"En todos lados, de a ratitos. Cuando empezamos a hablar me dolía arriba del ojo, ahora me duele atrás..", -"Mareos, vómitos?" -"Depende, pero generalmente no".... Se te cruza por la cabeza armar un discurso, grabarlo y ponerle Play en la primera visita. Después de todo este circo, arrancás el tratamiento, esperanzada de que no te crezca otro brazo mientras intentás ver el progreso que nunca se da. Y el dolor? Quizás siga igual, quizás aumente. Pero irse, jamás.
   Entonces te vas resignando y aprendés a vivir con el dolor. De hecho no sabés lo que es ir por la vida sin él. Y van, vos y tu migraña, juntos a la par. Es como un lazo de sangre, esos que no elegís. Se torna una convivencia. Sí, puede analizarse así. Se vive "bien", tolerable, porque en días "normales" el dolor es "nivel resaca", y mal o bien es a lo que tenés que acostumbrarte. Lo jodido es cuando llega la crisis. Es como si tu concubino en esta convivencia empezara a torturarte. Te duele más, más de lo "normal", la luz te fulmina los ojos, el ruido se potencia y te retumba. Sentis que la cabeza te late, se comprime y se descomprime, como si algo adentro fuera a explotar. Tensas la espalda, apretás los puños, las lágrimas se te empiezan a caer solas y mientras más llorás, más te duele y mientras más fuerza hacés para reprimilo, es peor. Es como si te agarraran la cabeza con una máquina compresora y encima llena de agujas. Se te cruzan por la mente mil cosas: Que preferis matarte a seguir aguantando eso, que en 5 segundos puede darte un ACV, que si por esas casualidades de la vida te llegás a dormir, no te vas a despertar más... A veces se te cruza imaginarte qué pasaría si depositaras ese dolor en otra persona unos 2 minutos, como para que entiendan lo que sentís. Y te los imaginás tirandose al piso, agarrándose la cabeza  gritando que es insoportable. Y quizas te rias, porque te das cuenta la magnitud de lo que soportás. Y aún así es un dolor que no le desearías ni a tu peor enemigo.
  En fin, los médicos te dicen que te encierres a oscuras, sin ruido y en lo posible acostado. Lo intentás una vez, dos... y te das cuenta que es peor. Imaginate sentir todo eso en el medio del silencio; Te volvés loco. Es una tortura el doble de fuerte. Y más sabiendo que puede durar días o una semana. Entonces a pesar del dolor, hacés tu vida, ponés la música más fuerte, si total, no se te va a pasar. Al menos es tortura musicalizada....
   Muchos me preguntan qué siento. Eso siento. Y dicen que debería vivir amargada y de mal humor, pero sé que hay cosas peores. La sonrisa y el buen humor no los pierdo nunca, porque vivir sin una sonrisa en la cara no es vivir.

jueves, 9 de enero de 2014

Él será Ese Hombre

 El día se apagaba mientras una brisa fresca se colaba entre las hojas del ombú de la estancia donde su padre Miguel era mayordomo. Ahí, dentro de la casa, sonaba la voz de Gardel, esa que en Junio de ese año había encontrado su fin en las alturas. Era otra tarde de invierno que terminaba en una pequeña ciudad Rionegrina. Recostado debajo de ese ombú, mirando el cielo entre las hojas con apenas 8 años, se encontraba él; un pequeño lleno de sueños reflexionando sobre la vida.
    
El correr de las nubes jugaba una carrera con los pensamientos que pasabanpor su cabeza, iban a la misma velocidad que ellas. Inspirado por ese cielo decididamente dijo: “quiero ser aviador”. En ese instante, su hermano Carlos, quien correteaba a su alrededor, extendió sus brazos a los costados de su cuerpo simulando alas y se alejó, sin imaginarse siquiera lo alto que llegarían esas alas algún día.
    
Comenzaba a oscurecer y la voz de su madre Dora se escuchó desde la pequeña casa de empleados ubicada a unos kilómetros de la casa del estanciero: ¡Adentro! ¡Ya es tarde y hay que cenar! Ambos hermanos entraron y besaron en la mejilla a su madre sin percatarse del agotamiento de su cara, de esas manos gastadas por lavida de campo y la pobreza.    Todos los días transcurríancon la misma rutina, hasta que una mañana, todo fue diferente: el padre había decidido trabajar por su cuenta y la familia se mudó a una localidad bonaerense donde la vida y las aspiraciones del pequeño comenzaron a cambiar.
    
Una tarde en la nueva casa, vio a dos vecinos sentados en la puerta de al lado en completo silencio concentrados en un tablero, moviendo pequeñas piezas sobre él. Sigilosamente, sin romper el ambiente, se acercó a mirar. Por un momento los ancianos no parecieron percatarse de su presencia, hasta que uno de ellos rompió el clima silencioso a la voz de un determinante: “jaque mate”.
    
Una vez concluida la partida, pidió temeroso si podían enseñarle a jugar. El ganador le hizo un lugar a su lado y comenzó diciendo: “Voy a enseñarte, pero tenés que recordar que al final del juego, el peón y el Rey vuelven a la misma caja”. Él no lo sabía, pero ese día aprendería una de sus más grandes pasiones.
    El nuevo colegio no lo terminaba deconvencer, pero uno de sus grandes escapes fueron esos señores que los libros le habían presentado. Un tal Hemingway hizo que su mano tomara un lápiz y las letras se plasmen con algo de presión en el papel una noche en su cuarto. “¿Qué haces, Rodolfo?” preguntó su madre al entrar. “Escribo…” contestó el pequeño.“Apagá la luz y dormí que ya es tarde. Ya vas a tener tiempo de escribir” dijo mientras cerraba la puerta. Y así lo hizo, sin imaginarse tampoco que no sólo iba a tener tiempo de escribir por muchos años, sino también que con esa herramienta elegiría el oficio de dar testimonio en momentos difíciles.   

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Andrea Eseiza.

(Compañero Rodolfo Walsh, PRESENTE)


miércoles, 11 de septiembre de 2013

S/T 2

-Me miro en el espejo y no me encuentro.
-Es verdad, ¿dónde está esa piba que se reía todo el tiempo?
-No lo sé, decime vos que deberías saberlo mejor que yo.
-¿Yo por qué?
-Porque yo sólo me muevo, vos haces el resto. Vos deberías llevar un archivo de todo
-Estás loca... “llevar un archivo de todo”… ¡¿Qué te pasa?!
-En todo caso vos estás loca, yo solo te llevo conmigo… Aunque pará, si vos estás loca yo estoy loca… Pero, definitivamente es tu culpa.
-Algo de razón tenés. Tiene lógica todo menos que es mi culpa. Si vamos a tus propias palabras vos te movés y yo hago el resto. Todo ese resto lo hago en consecuencia de tus actos.
-Te estás yendo de mambo. Vos me dictas todo y yo me muevo en consecuencia de eso. Discusión sin fin. ¿Para qué nos metemos en esto si sabemos que siempre terminamos igual?
-Es verdad, ¿tenés ganas de que volvamos al temita del espejo?
-Dale, ¿Qué onda?
-Voy ad ecirte sólo una cosa, esa piba anda por acá. Yo todavía la veo. Es más, la veo mucho, lo que significa que vos no la ves. Porque si la vieras yo no debería verla.
-Es cierto, no la veo hace mucho, de vez en cuando la podrías empujar, a ver si aparece por acá y se anima a volver…
-Podría, pero no pensaste por qué se fue… ¿qué te pasó?
-¿Qué NOS pasó? Querrás decir.
-¡Ay Dios! Bueno, dale, ¿qué nos pasó?
-Justo ahora nos duele la columna de cuando nos caímos en la calle saltando ramas. Odiamos el reposo y eso nos hace infelices… seguro es eso.
-Dale, no jodas, hablemos enserio. Solucionemos esto y hablemos maduramente. Decime entonces ¿Qué nos pasó?
-¿Ni una joda se te puede hacer a vos? No sé exactamente, nos pasó la vida. No soy feliz… no somos felices. Pienso mucho, ¿sabés?, y eso evita que disfrute las cosas y maquine mucho.  Ey, ¡pará! en realidad la que piensa sos vos, ¡¿Ves que es tu culpa?!
-¿Ya empezamos otra vez? Siempre igual vos… yo tengo la culpa de todo, claro…
-Uy, bueno, está bien. Pensamos, ambas, un montón. Creo que deberíamos hacerlo menos y tratar de disfrutar más, ¿te parece?
-Me parece, realmente me parece. ¿Tenés ganas de mirarte al espejo y empezar a practicar esa sonrisa? Así, quizás, sienta ella sola la iniciativa de volver.
-Ok, ahí voy. A ver…
-¡Eso esmuy fingido!, intentá que salga más natural…
-¿Me podes dejar tranquila?, ¿En todo te tenés que meter? Ya está, cumpliste tu rol por el día, andá y dejame intentar sonreir en paz.
-Claro, ya me usaste y ahora te deshaces de mi ¿no? Bien que cuando me necesitás siempre estoy.
-Claro, ¡como si fuera tan fácil deshacerme de vos! Naciste conmigo, estás incorporadaa mí y no me vas a dejar en paz nunca
-Lo quieras o no esa es mi función. Aunque mi vida sería mucho más fácil si fuera la conciencia de alguien menos quisquilloso.
-Bueno….¿Quién es la quisquillosa ahora? ¡¿Eh?! Jajajaja
-Me voy, está bien. ¡Ya me vas a necesitar y vas a volver con el caballo cansado!
-Si, claro…¡Ey! Ahora que decís caballo, mi vieja me había invitado al campo de Luis hoy, ¡Caballos! ¡Wiii! ¡Hace mucho que no me subo a uno!
-¡¿Me estás jodiendo?! ¿Ya te olvidaste del reposo? ¡Así no te vas a curar más!
-¿No te ibas vos? Si, me parece que te ibas, ¡Chau! Jajaja
-No se puede con vos. Si, me voy. Al fin y al cabo ¿qué haces hablando conmigo? ¿¡Ves que estás loca!?
-¡Error! ESTAMOS locas, y pensándolo mejor, eso también me hace sonreir.
-¿Cómo… no era que la qué pensaba era yo?
-¡CHAU, te dije!
-jajaja, está bien, chau. Andá a ser feliz andando a caballo. Eso si, después no me llores con que te duele!

sábado, 7 de septiembre de 2013

S/T 3

Una puerta a medio abrir cuando creo que no hay salida, un vaso medio lleno en mis peores pesimismos, un pájaro en la mano mientras veo el resto volando, un arcoíris gigante después de la peor de las tormentas, un amanecer cálido en el mar como fin de una tempestad, un rayito de sol entre medio de un cielo gris, un manantial de agua clara en medio de mis noches desérticas, una gota de agua en la peor de mis sequías, una sonrisa del alma en mis padecimientos, una dosis de morfina en el más potente dolor de cabeza, esos gloriosos cinco minutos adicionales que deseo con todo mi ser cuando suena el despertador, un gol de River en los últimos segundos de un partido, escuchar la lluvia tapada hasta la cabeza en la cama… esos sos para mi. Todo eso y quizás mucho más…

sábado, 31 de agosto de 2013

Felicidad Parcial Momentánea


 Miro la pared blanca, recién pintada. Mi vista se fija en un particular punto y mi mente empieza a jugarme sucio, fijando en la pared nuestro retrato, esa vieja foto que solía estar ahí colgada. Empiezo a sentir nostalgia, hasta que recuerdo la razón por la cual el verbo está en pasado. “Estaba”, ya no está más. Y si no está más es porque algo pasó. En realidad fue más que un “algo”, fueron muchas cosas, pero más que nada, lo que pasó fue el tiempo. A raíz de él tomamos diferentes decisiones, distintos caminos que hoy nos llevan a ser quienes somos y estar donde estamos. Vos allá y yo acá. Lejos, muy lejos.
    Nuestro distanciamiento fue tal, quete vi crecer lejos de mí por fotos. Si hoy nos cruzamos por la calle dudo que sea capaz de reconocerte. Es triste, lo sé, pero por mucho que nos pese es así. De todas maneras no creo que te cruce por la calle, a menos que el destino, detan jodido que es, crea que es hora de movernos cual piezas de ajedrez y nuestros pasos se vuelvan a chocar, aunque difícilmente vuelvan a caminar a la par.
   Vuelvo a recordar la foto, teníamos pocos veranos en la piel, el sol nos daba de lleno sobre la cara y nuestras sonrisas eran tan radiantes que hacían sonreir a cualquiera que posara sus ojos sobre la fotografía. Éramos inocentes, no entendíamos mucho de la vida. No digo que ahora lo hagamos, de hecho creo que sabía mucho más en aquel entonces, porque mientras más años acumulo, siento que mis conocimientos se reducen, es loco. En fin, el punto es que éramos felices, o creíamos serlo al menos. 
    Quizás era verdad, eso sí era felicidad. No conocíamos el sufrimiento, la vida todavía no nos había golpeadolo suficiente como para aprender a valorar los momentos lindos. Mientras pasaban los años y evaluava mi vida, mis momentos lindos y feos, desarrollé la teoría de la Felicidad Parcial Momentánea, a partir de ahora FPM. Empecé pensando que jamás llegamos a la felicidad plena y eterna. Sentimos felicidad, con cosas que nos suceden que nos despiertan ese sentimiento, como encontrarnos con alguien que hace mucho que no vemos o conseguir algo por lo que luchamos muchos años, como ese tobogán gigante que compraste con tus ahorros ¿te acordás? Pero ese sentimiento no duratanto tiempo, por lo que considero que es momentáneo, y como no existe cosa en la tierra que nos haga cien por ciento felices, esa felicidad que sentimos es parcial. De ahí la FPM que me va a acompañar el resto de mi vida, y también avos, aunque nunca leas esto, porque como ya sabe el cosmos, nuestros pies ya no caminan a la par.
    ¿Por qué explico mi teoría acá? realmente no lo sé. Quizás algún día la desarrolle en profundidad y escriba un libro al respecto. Mientras tanto sigo mirando la pared recién pintada. Pienso que ya le hacía falta un poco de pintura. Ahora es el momento de poner otra foto, una que me haga sonreir cada vez que la mire. Probablemente sea algo de la felicidad parcial momentánea que siento ahora. Una que mañana reemplace con otra, y la que ponga hoy no sea más que un lindo recuerdo, que me haga pensar en la vida, en el tiempo y en el destino, que hoy movió sus fichas para traerte de nuevo a mi mente. 
    Seguramente siga viéndote crecer en fotos, pero eso no importa mucho, lo que importa es que vamos a seguir creciendo. Aunque yo lo haga acá y vos allá. Lejos, muy lejos.     

S/T 1

Te subiste a ese bondi y no te volví a ver desde entonces. No es que no vaya a verte nunca más o que pasaron más de diez minutos desde que emprendiste viaje, pero ya te extraño. Incluso te extraño desde antes de que te fueras, porque sabía que te ibas a ir. Quizás el hecho de que pensara eso, evitó que te disfrutara el poco tiempo que me quedaba hoy convos. Podés decir que me enrosco pensando demasiado y puede que tengas razón. El problema es que si no pienso, en esto o en cualquier otra cosa; te extraño.
    Es por este motivo que mi mente se ve inmersa constantemente en pensamientos lo suficientemente profundos y filosóficos como para derivar en potenciales teorías que, claramente, al aparecer uno nuevo en mi ya estresado pseudo cerebro, quedan en la nada misma.Y, si no son lo suficientemente profundos como para derivar en posibles teorías, bastan para dejarme con dudas existenciales que me quitan el sueño.
    Si no son profundos y filosóficos son, por lejos, completamente inútiles y aumentan mi síndrome RDI (Retención de Datos Inútiles) a su máxima expresión. Quizás dudo unos instantes a la hora de diferenciar la izquierda de la derecha o jamás recuerdo cosas como direcciones importantes, números de teléfono o fechas de cumpleaños. Pero de repente me encuentro recordando cosas como cuánto mide la circunferencia de la Tierra (
40.075 km, por si alguna vez lo llegás a necesitar) o que los pañuelitos descartables tardan tres meses en biodegradarse. ¡¿A quién carajo le importa eso?! ¡¿De qué mierda me sirve en la vida?!...
    En fin… Las cosas en las que una piensa para no extrañarte tanto. Y… ¿de qué sirve? De nada, porque entre pensamiento y pensamiento; te extraño igual.